
Pintada a finales de 2017 por el maestro Villada, junto a un equipo de artistas plásticos, es una obra que hace parte de la riqueza visual y cultural de Armenia, y su afectación no solo representa un daño material, sino también una agresión contra el arte, la memoria y el trabajo de nuestros artistas.
Como ciudad, tenemos la responsabilidad de proteger y valorar estas manifestaciones que embellecen nuestros espacios y contribuyen a construir nuestra identidad. No podemos permitir que acciones individuales afecten el patrimonio colectivo que nos pertenece a todos.
Desde Corpocultura hacemos un llamado a los armenios para que cuidemos nuestras obras, nuestros espacios y las expresiones que nos representan.
La vandalización del mural nos recuerda que debemos fortalecer el compromiso colectivo con la protección de nuestro patrimonio.